

Así, el debate en torno a si resulta suficiente la cámara del teléfono móvil para obtener fotografías de calidad o, por el contrario, estas aún no han superado lo que ofrece una cámara réflex, es una “guerra” constante entre fabricantes de smartphones y fabricantes de cámaras réflex.
Uno de los principales puntos de fricción es hasta qué punto importa la calidad de las fotografías o si es más importante captar el momento. En este sentido, la gran ventaja que aporta la cámara de un teléfono móvil es su menor tamaño y peso con respecto a una cámara réflex y su aprendizaje. El teléfono siempre va en nuestro bolsillo, podríamos decir que no nos supone ninguna carga adicional, y siempre está a mano para captar esos momentos tan imprevisibles. Frente a él, la cámara réflex ocupa mayor espacio, y también pesa más, por lo que captar ese instante único, en ocasiones, puede resultar bastante complicado.
Además, las cámaras de los móviles, como ya decíamos antes, han evolucionado muchísimo: doble flash, sensores de movimiento, estabilizador de imagen, un elevado número de megapíxeles, etcétera hacen que las imágenes resulten espectaculares.
También podríamos hablar de una notable diferencia en cuanto a facilidad de uso. La cámara del móvil es muy intuitiva y fácil de usar sin embargo, la cámara réflex posee más elementos, y también más accesorios, que requieren una mayor aprendizaje.
Hay dos tipos de usuarios de cámara réflex, los que aman la fotografía y exprimen al máximo su cámara y los que la compran para hacer fotos eventuales en modo automático. Cosa que me parece mal. Pero precisamente, para este tipo de usuarios un teléfono de gama alta puede cumplir la misma función,
ya que probablemente no se fijen en la calidad de la foto, si no en si a
su juicio esta es “bonita” o no. Si estás pensando comprar una réflex
para hacer pocas fotos, no lo hagas, cómprate un móvil de gama alta, puede que hasta lo aproveches más.